Enfrentito de mi exexexexexcasa (tengo más historial hogarezco que Arturo Montiel) vivía Don Loco. Segurito lo deben conocer si es que han tenido una idea revolucionaria o compusieron una canción bien chingona. Don Loco, básicamente, se dedica a protegerte para que no te pirateen. Vive bien con una señora que a su edad se ve bastante bien. Y una linda escuincla que gracias a Dios se parece a su mamá.
Y bueno. Nosotros jugábamos al futbol en la calle. Soñando alguna vez ser los grandes futbolistas del mañana y llevar a México, finalmente, a los cuartos de final del mundial que para entonces se realizará en un nuevo país nacido por la desunificación de los Estados Unidos de América. Y jugábamos desde que llegábamos de clases hasta que se metía el sol. Y pinchis golazos me cae.
Pero habían veces en las que el balón inevitablemente se dirigía hacia la camioneta de Don Loco. Y no importara la parte del coche que fuera: su vidrio, el retrovisor, la llenta, el rin o hasta su sombra, a Don Loco le valía madre y se ponía todo alterado. En ocasiones intentó llamar a la polecía para que nos quitara nuestro baloncito y así privarnos de toda recreación deportiva; otras veces, nos gritaba. Pero la más célebre de todas es cuando nos gritó, así al chile, que nos iba a matar. Pinchi Don Loco, me cae, tenía pedos.
No recuerdo el marcador pero sé que alguien sí se pasó de lanza haciendo soberbio disparo dirigido a la carrocería de aquella camioneta negra con chingo de letreritos de marcas y patentes. En eso, Don Loco salió como el diablo y nos dijo que nos fuéramos a la chingada. Así, sin más. Nosotros, amables, le pedimos disculpas y le imploramos perdón. Arrojando inútiles resultados porque sólo se limitó a decir que no teníamos madre.
Yo le dije que nos perdonara, que no fue a propósito y que no se volvía a repetir... pero no sé, algo había en él, pinche síndrome bipolar que sólo me gritó: TE VOY A MATAR HIJO DE PUTA. Pos máteme, si tan cabrón.
Yo nomás vi cómo se megaemputó y me dijo que enseguidita me iba a golpear hasta dejarme malherido. O bueno, textualmente, ahorita te parto todita tu madre, hijo de la chingada. ¡Pura tradición! Yo, entonces, todavía velaba por mi futuro, me preocupaba morir en manos de un pinchi loco antifutbol.
Y bueno, al final alguien lo detuvo y salvó mi vida... Esa es mi anécdota... Y... bueno, a veces me lo encuentro en los tacos y me saluda bien contento, como si nada. Y ya.